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Semana 186

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Daniela vivía en un segundo sin ascensor. A todos nos gustaba Daniela. La habitación de Daniela daba al parque.
– Daniela, ¿bajas?
– Estoy estudiando.
Tenía la piel blanca como las monjas y los ojos azules como su padre, y en junio, cuando había aprobado todo con 10 y por fin bajaba al parque, la veíamos tan lista, tan cuidadosa, tan perfecta que ninguno nos atrevimos nunca a quererla, y nos pasamos la vida deseando una ventana.

Lugar: Auckland – Nueva Zelanda

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