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Semana 148

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En el Arrecife de las Sirenas los pescadores bajan y suben sus barcas del mar a rastras contra el metal. Sus tatarabuelos lo llamaron así porque era hogar de focas monje, poéticamente confundibles con sirenas. No sabían que las sirenas, las de verdad, las primeras, las griegas, no sabían nadar, tenían cuerpo de ave, cabeza de mujer y un canto irresistible para atraer a los marineros para comérselos. Pero qué más da, hoy no quedan allí focas monje ni tatarabuelos pero sigue habiendo poesía.

Lugar: Cabo de Gata – España

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